Con el objetivo de preservar el medio ambiente, los gobiernos, las empresas y los ciudadanos tenemos la responsabilidad de combatir nuestra huella ecológica. Y para lograrlo, nuestra mejor baza es la innovación tecnológica.

 

En 1992 más de 1.700 científicos y premios Nobel firmaron el documento titulado “Advertencia de los científicos del mundo a la Humanidad”, donde advertían de los desastres en materia medioambiental que se sucederían a lo largo de los años si no empezábamos a tomar medidas preventivas. Así, enumeraron los problemas a los que se enfrentaría la población en los años venideros: deterioro de la capa de ozono, baja disponibilidad de agua dulce, agotamiento de la vida marina, deforestación o destrucción de la biodiversidad.

Con el objetivo de preservar el medio ambiente, los gobiernos, las empresas y los ciudadanos tenemos la responsabilidad de combatir nuestra huella ecológica. Y para lograrlo, nuestra mejor baza es la innovación tecnológica.

Tecnología como parte de la solución y no como parte del problema

La revolución demográfica y económica que hemos experimentado en las últimas décadas ha convertido la tecnología en un elemento imprescindible en la búsqueda de formas de vida más sostenibles. Este es precisamente el objetivo de las llamadas tecnologías verdes, que buscan mitigar y/o revertir los efectos de la actividad humana en el medio ambiente.

De entre todas ellas, destaca el Big Data ambiental o Green Data, que aprovecha la capacidad que tenemos de obtener más información que nunca para reducir el impacto medioambiental. Concretamente, el Big Data ayuda a los científicos a comprender mejor el estado de la crisis climática y a identificar nuevas soluciones que permitan administrar los recursos naturales de forma más eficiente.

Destinado a transformar los datos en información útil, se encarga tanto de estudiar la situación actual del planeta como de predecir escenarios futuros, de manera que permite realizar un análisis sencillo y efectivo de riesgos y oportunidades. 

El caso de las ciudades inteligentes

Utilizar las nuevas tecnologías en favor del planeta es una iniciativa aplaudida desde todos los sectores de la población. Nos enfrentamos a un gran reto y los datos pueden marcar la diferencia. Disminuir el impacto que las actividades humanas tienen sobre el planeta es posible gracias a la información.

 

Entre sus múltiples aplicaciones, el uso del Big Data permite identificar las áreas que requieren una mayor atención climática. En este sentido, investigaciones recientes han demostrado que las áreas urbanas concentran los índices de contaminación más elevados.  

Big-data-medio-ambiente

El Internet de las Cosas hace posible la obtención de datos a tiempo real, con dispositivos conectados que van desde sensores que miden la calidad del aire urbano hasta dispositivos que registran los flujos de tráfico. Tomando estos datos como punto de partida, los patrones y las tendencias observadas pueden utilizarse, por ejemplo, para predecir la cantidad de CO2 que emitiremos en los próximos años. Esto demuestra que el futuro de las ciudades pasa por reaccionar de manera anticipada a las necesidades de sus habitantes.

Pero la demanda de tecnologías de control de la eficiencia energética no solo está afectando a las ciudades sino también a los edificios. Gobiernos, organizaciones y ciudadanos de todo el mundo piden cada vez más nuevas soluciones para sus infraestructuras. Los edificios del futuro son más inteligentes, eficientes y respetuosos con nuestro entorno. Y del mismo modo que sucede con las ciudades, extraer e interpretar los datos generados por los edificios, permite predecir su comportamiento y sus necesidades para mejorarlos.

 

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