La innovación es cambio, desarrollo, transformación, progreso. Cuando se habla de innovación empresarial se suele pensar en innovación aplicada a los servicios o productos, pero la verdadera innovación va mucho más allá. La innovación es, pues, una actitud, y el mejor camino para conseguir progresar es entender que el talento es la base que la sustenta. 

Con la irrupción de las nuevas tecnologías en la economía, y del elevado impacto de éstas en los modelos de relación entre todos los actores de la sociedad (empresas, organizaciones, instituciones y personas) se presenta, inevitablemente, un único escenario posible para todas aquellas empresas e instituciones que busquen, al menos, sobrevivir: afrontar la llegada de un nuevo modelo de economía y reenfocar sus estrategias de negocio clásicas.

¿Por qué es tan importante la innovación?

La innovación, supone, evidentemente, una ventaja competitiva frente a otras empresas del mismo sector laboral que no apuestan por ella. Pero no debemos caer en la trampa: la innovación no es un plus de valor añadido. La innovación es una necesidad. Pero, como todo cambio, conlleva riesgos, y el principal problema al que muchas compañías se enfrentan, como hablábamos ya en otro artículo, es el miedo a arriesgar. O el miedo a fracasar.

Convertir los problemas en retos por superar, cambiar la cultura de una organización y saber que hay que empezar por uno mismo son, quizás, algunas de las principales claves para afrontar este nuevo escenario.

Debemos aprender gestionar el miedo al cambio para aprovechar las importantes oportunidades que están surgiendo de manera constante

Por tanto, la innovación va unida a la excelencia empresarial. Pero no podemos pretender alcanzar esa excelencia, esa diferenciación, de la noche a la mañana. La transformación se consigue paso a paso, con objetivos alcanzables y, sobre todo, con talento y una mente abierta a absorber todos los inputs que vienen del mercado. Debemos admitir el fracaso como parte inherente del proceso de innovación, y por tanto, permitir que la gente se arriesgue, que admita cuando las cosas no funcionan, y de esta forma, poder seguir trabajando en el camino correcto.

Es imprescindible disponer de una cultura empresarial adecuada, espacio y ambiente para que se desenvuelva esa cultura, una guía para focalizar el poder creativo y reconocer los logros.

¿Cómo son las empresas innovadoras?

  • Son empresas abiertas: empresas que colaboran y que desarrollan modelos de negocio abiertos. Saben lo que ocurre e invierten energías y dinero en colaborar con todos los stakeholders de su cadena de valor: clientes, proveedores, startups, universidades, socios industriales, etc.  Son los primeros en enterarse de lo que está ocurriendo y en diseñar en consecuencia estrategias que se anticipan al futuro. Son humildes y buscan colaborar porque saben que juntos pueden llegar más lejos.
  • Ponen a sus clientes en el centro: saben lo que el cliente demanda y trabajan por ello. La gran mayoría de estas empresas tiene un mecanismo de escucha activa constante para detectar las necesidades de sus clientes. Estas empresas buscan diseñar experiencias únicas para ellos.
  • Son ágiles y rápidas: son capaces de reducir el “time to market” de un producto drásticamente, aunque sea lanzando prototipos o versiones betas que luego los mismos clientes mejoran hasta llegar al éxito. Implementan metodologías de trabajo que permiten ir más rápido, ya que trabajan por objetivos alcanzables y concretos. Y, lo más importante:  no tienen miedo a fallar.
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